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Bendito seas Tú, Señor y La que te tuvo en su seno. Ésta es la humilde oración de todos tus nazarenos. Tras un antifaz de luto vestidos de ruán y esparto gozamos, de uno en uno, del ansiado anonimato. Zapatos de los oscuros, aunque algunos van descalzos; en cada garganta, un nudo, fríos guantes cubren las manos. Penitencia, sentimiento, un contenido llanto aflora en nuestros adentros al ir ocupando el tramo. En la cabeza, los nuestros, capirotes de los altos; vara, cirio, cruz e incienso: Madrugá de Viernes Santo. A Tus plantas nos rendimos y una oración en los labios muy bajito te decimos pa’que nos cuides to’el año. Decenas de corazones a los ojos Te miramos sintiendo mil emociones, todos con igual hábito. Todos con la misma ilusión, idéntico es nuestro ánimo. Sentimos tal devoción que todos nos igualamos. Pero Tú ¡qué sabio eres! que, sin mirarnos la cara, a Tus hijos reconoces por los sones de sus almas. Sabes quién ha venido por devoción soberana, por acciones prometidas, por seguir con una saga. Por hacerte compañía en ésta Madrugá amarga por las calles de Tocina hasta casi la mañana. Cuida de Tus nazarenos, que nunca la Fe decaiga, que en Tu rostro moreno se reflejen nuestras caras. Caras que van cubiertas, pero no se cubre el alma; los nazarenos “secretos” nos postramos a tus plantas. Y a Ti, Madre, Mayor Dolor, éste silente cortejo te va dejando un reguero de luz, incienso y amor. Y en la noche de la Pasión lloramos también tu pena por ésta injusta condena que impuso la sinrazón. Pero, al mirar a los Cielos y ver tu belleza serena bajo oro y terciopelo, a la luz de tanta cera, nuestros dolores son menos ya no hay atisbo de pena ¡es Viernes Santo de nuevo! y ante ti, la Gracia Plena, se rinden tus nazarenos, Madre nuestra y Compañera. Y no hacemos penitencia, sino cumplimos un sueño: el de haceros compañía vestidos de ruán negro. A Ti, Señor del Gran Poder con humildad te rezamos pa’que no dejes de poner sobre nosotros Tu mano. ¡Virgen del Mayor Dolor cúbrenos bajo tu manto! seremos pañuelo de amor para limpiar ese llanto. Éstas almas os rezan con amor puro y sincero ¡cuidad siempre de nosotros, Vuestro cuerpo de nazarenos! Macarena Rodríguez Rojas |